El texto que presentamos a continuación es un fragmento del libro de Leonardo Polo: "Curso de Teoría del Conocimiento". Tomo I. Eunsa. Pamplona. 3ª edición.
LECCIÓN UNDECIMA
1. La facultad imaginativa
La imaginación es un nivel cognoscitivo sumamente importante cuyo estudio permite pertinentes aclaraciones de la noción de facultad (asunto que, por lo común, se trata con descuido). Vamos a presentar primero la imaginación de un modo global; luego precisaremos su forma natural.
La imaginación se distingue netamente de las facultades de la sensibilidad externa, e incluso del sensorio común. La distinción consiste, como observa Tomás de Aquino, en que, mientras las facultades de la sensibilidad externa están constituidas biológicamente (por el crecimiento orgánico, por la embriogénesis), y son inmutadas por la especie impresa en tanto que ya constituidas, la imaginación no está suficientemente constituida, sino sólo esbozada.
La constitución del órgano de la imaginación es consecuencia del ejercicio del sensorio común (la imaginación es motus factus a sensu). Dicha constitución es un crecimiento orgánico posible por el conocimiento (ya hemos aludido a esa posibilidad), y tiene lugar en la misma medida en que algo se recibe y se queda. Obviamente, lo que se recibe y se queda es formal. Por eso, a la “especie” de la imaginación, en tanto que está en el órgano, no le conviene propiamente el nombre de “impresa”, sino el de especie retenida (species retenta). Es la vieja noción de Thesaurus.
Como los órganos de la vista, del oído, etc., están suficientemente acabados, la especie impresa permanece en ellos mientras el movimiento exterior la “está” imprimiendo; si cesa, o el movimiento físico no llega al órgano, la especie impresa desaparece. La especie impresa no se mantiene porque no es intrínsecamente constitutiva si el órgano de la facultad está ya constituido.
El órgano de la imaginación no está constituido por la embriogénesis. El hombre al nacer tiene la facultad de imaginar imperfectamente, es decir, en potencia también desde el punto de vista orgánico. El órgano de la imaginación se completa en la medida en que son retenidas especies. De modo que la forma natural de la imaginación integra la retención de formas en su propia función constituyente. Ello implica que su carácter de sobrante formal es muy acusado. Por ello es oportuno llamar a la imaginación facultad intermedia (a medio camino entre la inteligencia y la sensibilidad). Paralelamente, la potencia imaginativa sólo pasa al acto si hay recepción de especies. Pero entonces pasa al acto en virtud de su propio órgano (que no ha de esperar especies impresas), es decir, con mayor autonomía que la sensibilidad externa. Precisaremos este extremo más adelante.
Apelando a un modelo de fisiología cerebral (la noción de species retenta fue formulada antes del estudio científico de la fisiología cerebral), cabe decir que el órgano de la imaginación consiste en circuitos neuronales. Las neuronas y sus conexiones posibles existen ya, de antemano, pero no la fijación de los circuitos. Tales circuitos no están de antemano “animados”; son como prefiguraciones estructurales que permiten un funcionamiento ulterior, pero ese funcionamiento es formal de suyo: la vida está en el movimiento. Cuando esas conexiones son establecidas de modo actual, un movimiento vital se ha implantado, y la imaginación está constituida de acuerdo con su vitalidad orgánica peculiar.
Esto es un esbozo de traducción de la tesis de Tomás de Aquino a un lenguaje más actual. Ahora bien, sea ese modelo correcto, o haya que cambiarlo, en cualquier caso es enteramente cierto que la imaginación no es una facultad nativamente perfecta, pues la noción de especie retenida es imprescindible para formular la noción de facultad imaginativa.
Aquí puede incluirse una sugerencia. Si la imaginación se constituye, o está orgánicamente sin terminar y, por otra parte, dicha constitución tiene lugar en el cerebro (no hay otra sede orgánica posible y ha de haber una), cabe preguntar si el cerebro es una totalidad dada. Anatómicamente lo es: un cerebro humano cabe en un frasco, y está dentro del cráneo. Pero esta observación es trivial y ajena al caso porque no se trata de una cuestión volumétrica, sino funcional. Para considerar el cerebro como órgano hay que tener en cuenta su funcionamiento.
…
La imaginación humana es distinta de la del animal. Se trata de una diferencia muy relevante, casi específica (el hombre no se distingue del animal sólo por su inteligencia), cuya consideración proporciona un criterio orientados en multitud de problemas. Por ejemplo, en la pregunta sobre la importancia relativa del código genético y los llamados condicionamientos sociales. El hombre está “condicionado” biológicamente, y en tanto que miembro de la una sociedad. De estos dos factores ¿cuál es el decisivo? Esta pregunta es formulada con frecuencia por sociólogos, psicólogos, etc. En el nivel de la imaginación la respuesta es neta: la imaginación tiene un esbozo biológico (por lo demás, imprescindible), pero su formación es biográfica y depende, naturalmente, de la enseñanza y de las relaciones sociales. Un hombre aislado, un Robinson, se encontraría con una imaginación “atrofiada”, y no podría lograr el desarrollo de una imaginación educada. Por tanto, sin una tradición, sin una acumulación de noticias que pueden, a su vez, ser integradas como especies retentas por los sujetos de un grupo social, la imaginación se reduce prácticamente a cero. Es clara la importancia de este asunto para los educadores, psicólogos, etc., así como la coherencia ética del cultivo de la imaginación (más que de atrofia ha de hablarse de grados insuficientes de desarrollo). La imaginación crece como facultad; su carácter de facultad orgánica estriba en su propio crecimiento. Pero este crecimiento es ulterior a la embriogénesis precisamente porque presupone la funcionalidad de las facultades inferiores. Por esto mismo, nuestra capacidad imaginativa es potencialmente mayor que su actualidad alcanzada. En unos individuos el proceso se detiene antes que en otros y, por tanto, su imaginación es inferior. En rigor, las diferencias de inteligencia son diferencias de imaginación, porque la inteligencia es abstractiva a partir de imágenes (si no hay tales imágenes el entendimiento no puede abstraer). Todos los hombres somos inteligentes, pero no todos tenemos una imaginación del mismo rango y, dada la dependencia indicada, tampoco funcionalmente tenemos la misma inteligencia.
La axiomática propuesta permite afrontar estas cuestiones de un modo ajustado. Sostener que el hombre en cuanto ente cognoscitivo consiste en biología, o en sociología, es una tesis incorrecta. Ahora bien, es cierto que esta facultad cognoscitiva depende orgánicamente de la embriogénesis y de las especies retentas adquiridas en el curso de la vida. De manera que las imágenes no son objetos innatos. Tampoco tiene sentido hablar de colores innatos, pero, al menos, la facultad de la vista podría llamarse innata (cabe su ulterior afinamiento, pero no un perfeccionamiento). En cambio, en la época de la vida en que el sistema nervios es más “plástico” cabe una mayor o menor constitución de la facultad imaginativa.
Después de estas observaciones, volvamos a la definición: la imaginación es el movimiento del sentido en acto.
La primera consecuencia de un movimiento es el alejarse. Esto se corresponde con la pérdida de la viveza d la percepción en la imagen. La semejanza imaginativa es espectral; su valor de parecido está muy diferenciado y ello se acentúa a medida que el movimiento se separa. Pero la elongación imaginativa parte del sensorio común: éste es el sentido en acto. La relación de la imaginación con el sensorio común ha de plantearse como una continuación. La imaginación es el nivel cognoscitivo inmediatamente superior. De acuerdo con su carácter de continuación, la imaginación es cierta conservación. La percepción no guarda nada ella misma; se limita a objetivar los actos y paralelamente a discriminar los sensibles y a sentar el sensible per accidens. Si esto no se guarda o mantuviera, la vida cognoscitiva sería un encenderse repetido pero inconexo. En tales condiciones el control cognoscitivo de la conducta no sería posible.
La autonomía cognoscitiva del ser vivo es lo que distingue al animal de la planta. El conocimiento sensible no es un añadido extrínseco y esporádico, no implica escisión en el viviente. La dualidad inconexa de conocimiento y vida es un absurdo. Pero es claro que sin cierta conservación el sensorio común se separa de la vida. La reconducción del sensorio al comportamiento animal tiene como requisito imprescindible el carácter conservador atesorante —thesaurus dicen los medievales— de la imaginación. Sin él, la percepción sería trivial y el animal se encontraría desprovisto de protección cognoscitiva, pues una percepción fraccionada es inútil e incluso perjudicial. La vida cognoscitiva precisa cierta vigilancia continuada, ya en el animal. En el hombre es todavía más necesaria la guarda de lo percibido. Ahora bien, la imaginación conserva la percepción de una manera peculiar.
…
Se requiere una correlación entre la índole de la especie y la del órgano. Además, la forma natural del órgano determina su estructura funcional y es potencial respecto de la operación.
Si la imaginación es un motus, su correlato orgánico es un crecer. Es ésta una diferencia muy neta con los órganos de la sensibilidad externa. Estos últimos no son hechos por la inmutación. Están en potencia respecto de la especie impresa, pero no en el sentido de ser constituidos por ella. Por eso la especie impresa viene de fuera y no es retenida. Veo porque tengo ojos ya constituidos. Como contrapartida, los ojos no conservan la especie impresa. En cambio, la imaginación es una facultad que conserva. Por tanto, el órgano de la imaginación se desarrolla de acuerdo con la especie impresa, la cual es estrictamente conservada. Por ello es preferible hablar de species retenta.
Es una vieja polémica entre los evolucionistas si la función crea el órgano, o el órgano es anterior a la función. Parece que la discusión está solventada a favor del segundo término de la alternativa. Los científicos aceptan la previa actualidad biológica del órgano. Dejando a un lado los motivos de la aludida discusión, hemos de decir que el órgano de la imaginación —una parte del cerebro— existe sin necesidad de funcionar; pero en tales condiciones no es todavía el órgano de la imaginación, sino ese órgano en situación potencial respecto de su propio carácter orgánico.
Según lo dicho, conservar es la primera función orgánica de la imaginación. Movimiento y thesaurus están estrechamente correlacionados: el thesaurus es la constitución formal del órgano. El órgano de una operación cognoscitiva re-objetivante no es un órgano presupuesto; tiene que ir haciéndose. Por otra parte, sólo un órgano que crece es capaz de guardar: la conservación es formal-constituyente. La facultad imaginativa es más potencial que la sensibilidad externa. Por ello es capaz de formarse según las formas recibidas, las cuales son retenidas y organizan un sector del sistema nervioso. El influjo del sensorio común es actual-formal; se propaga, quizás en el modo de una articulación neuronal. Dicha articulación es la forma de promover un órgano. Ahora bien, en tanto que las formas constituyen un órgano, adquieren, por así decirlo, un carácter potencial (en tanto que formas) respecto de la operación. La configuración del órgano de la imaginación es una potencia cuyo acto es la re-objetivación. El órgano de la imaginación se configura de manera progresiva, no de una sola vez. A ello se debe la importancia psicológica y pedagógica de la imaginación.
La vieja polémica sobre la precedencia entre función y órgano tiene que ver con el problema de la herencia de los caracteres adquiridos. Los caracteres adquiridos no se heredan. Tampoco las especies retenidas. Pero esto significa que la imaginación es propia de cada uno. En cada hombre el desarrollo de la imaginación es una tarea. Paralelamente, el crecimiento del hombre no está corpóreamente terminado desde el punto de vista del conocimiento. No educar la imaginación es una manera de retroceder. Tal vez una de las más peligrosas líneas de decadencia histórica.
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martes, 15 de abril de 2008
La imaginación: una facultad clave
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martes, 8 de abril de 2008
Facultades cognitivas (I)
Recogemos aquí un fragmento de uno de los documentos sobre el conocimiento que aparecen en la web de la facultad.
MANUAL DE FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA
Autor: Vicente Polo Maragoto.
El conocimiento: Definición y facultades.
1. Naturaleza del conocimiento.
Podemos describir el conocimiento como aquello que tiene lugar cuando un sujeto (llamado "cognoscente") aprehende un objeto (llamado "objeto de conocimiento" o, abreviadamente, "objeto").
Conocer es "aprehender", es decir, el acto por el cual un sujeto "capta" un objeto.
Algunas precisiones en torno a la definición:
* El conocimiento supone una relación entre un sujeto y un objeto. Los dos términos son igualmente necesarios. No hay conocimiento sin sujeto que conozca, tampoco sin un objeto que le provoque y dé un conte¬nido a su acto. En el conocer existe una co-existencia o co-presencia o co¬operación de dos elementos: el sujeto y el objeto.
* El conocimiento es la operación por la que en un ser se hace pre¬sente una forma de un modo inmaterial.
* La experiencia nos presenta dos grados de conocimiento: el cono¬cimiento sensible y el conocimiento Intelectual. El primero tiene un objeto concreto, singular, material; su sujeto, el sentido, sin reducirse a un órgano, está intrínsecamente unido al funcionamiento del organismo. El segundo tiene un objeto desmaterializado, abstracto: la esencia. Su sujeto es espiritual, aunque dependiente extrínsecamente del cuerpo.
2. El objeto de los sentidos.
El hombre y el animal se relacionan con el mundo exterior por medio de los sentidos. En líneas generales, podemos decir que la función de los sentidos consiste en poner a estos seres vivos en relación con el mundo físico exterior en el que tienen que vivir y adaptarse. Para ello, tienen que conocer su entorno a fin de saber a qué atenerse con él. En la base de este conocimiento está el conocimiento sensible.
Los sentidos son las facultades por las que conocemos las realida¬des corpóreas, singulares, y concretas. Los sentidos son los órganos receptores de los estímulos físicos.
La sensación es el conocimiento de esas realidades. La sensación es la impresión producida por un estímulo físico sobre los órganos de los sentidos. Es el acto de los sentidos, por ella conocemos aspectos cualitati¬vos y cuantitativos aislados de los objetos materiales del mundo exterior o de nuestro propio organismo.
Por la sensación captamos unas cualidades sensoriales aisladas e inconexas, pero en la realidad captamos objetos concretos, "cosas" o tota¬lidades con sentido , es decir, un conjuntó de sensaciones. A esto se le llama percepción. La sensación es cada uno de los elementos indivisibles que componen una percepción.
Todo ello lo analizaremos más detenidamente a continuación.
3. La sensibilidad externa.
a. El proceso de la sensacion
Para que se produzca una sensación es necesaria la existencia de un estímulo excitante y un órgano receptor.
El estímulo físico es algo procedente del mundo externo que altera el medio ambiente y excita el órgano receptor. Cada órgano receptor o senti¬do necesita un estímulo específico.
Los órganos receptores o sentidos externos son los órganos corpo¬rales que van a transformar los estímulos físicos, a través de fenómenos fisiológicos, en el hecho psíquico de la sensación.
b. Tipos de estimulos
Según sean la intensidad de las sensaciones experimentadas por un sujeto, es decir, según la capacidad de excitar, los estímulos pueden ser:
* Estímulo umbral o liminar: es la cantidad mínima de estímulo para producir una sensación. Por ejemplo, un peso inferior a 85 miligramos colocado sobre la mano no se siente, menos de; 16 vibraciones sonoras por segundo no son perceptibles.
* Estímulo subliminar: si tiene una intensidad inferior a la liminar. No se captan a no ser que se produzca un fenómeno de adición entre dos o más estímulos sucesivos de una duración y una intensidad determinada.
* Estímulo absoluto: es la cantidad máxima de excitante, más allá de la cual la sensación no aumenta. Por ejemplo, más allá de 20.000 vibraciones sonoras por segundo dejan de ser captadas por el oído.
* Estímulo diferencial: es la cantidad relativa de excitante que hay que incrementar para obtener una variación de sensación.
Estos umbrales no son idénticos para todos los hombres. Y pueden variar a lo largo de su vida o. incluso, se pueden "educar".
c. Los sentidos externos y sus actos
TACTO: Produce sensaciones de contacto (forma, tamaño, rugosi¬dad, etc.), sensaciones de presión (peso, dureza, blandura, etc.), sensa¬ciones de frío, calor dolor.
GUSTO: Produce los sabores (dulce, salado, ácido, amargo). OLFATO: Se han llegado a clasificar 400 olores distintos. OIDO: Las sensaciones que produce son los sonidos. VISTA: Produce las sensaciones visuales, como los colores.
KINESTESICO O MUSCULAR: Se encuentra en los músculos, ten¬dones y articulaciones. Nos informan de la posición de nuestro cuerpo sin necesidad de verlo y permiten la coordinación de movimientos.Permite el control automático de los movimientos habituales: lavarnos, comer, condu¬cir, etc.
CENESTESICO: Nos informa de las sensaciones agradables o desagradables que se producen en el tórax o en el abdomen. Son sensa¬ciones vagas que nos informan del estado general del organismo, como, por ejemplo; sensación de hambre, sed, bienestar, cansancio, malestar, angustia, etc.
VESTIBULAR O DEL EQUILIBRIO: Nos informa de la posición de nuestro cuerpo en relación con el medio en torno: estar de pie, sentado, echado, el "estar orientado". Una perturbación de este sentido es el vérti¬go.
Estos tres últimos reciben el nombre de "propioceptores" o "recep¬tores internos".
d. Elementos de la sensacion
1.- Desde el punto de vista interno o subjetivo: la impresión que el objeto produce: lo sentido. Esta impresión viene determinada por dos factores:
* Duración: La duración de la sensación no siempre coincide con el estímulo.
* Intensidad: que depende de los umbrales absolutos y diferenciales de ese sentido y que varían para cada individuo.
2.- Desde el punto de vista externo y objetivo: las propiedades o cualidades que tiene el objeto en sí mismo. Dichas propiedades pueden ser de dos tipos:
* Sensibles propios: son las cualidades conocidas por un sólo sen¬tido. Por ejemplo, el color para la vista o el sonido para el oído.
También se llaman aspectos cualitativos o cualidades secundarias.
* Sensibles comunes: son las cualidades captadas por dos o más sentidos: el número de objetos, la cantidad o masa de objeto, el tamaño o dimensión, la figura o forma geométrica, el movimiento del objeto.
También se conocen como aspectos cuantitativos o cualidades pri¬marias.
e. Conclusiones sobre la sensacion
* La sensación es un fenómeno psíquico.
* La sensación es un acto de conocimiento. Nos revela algún aspec¬to de la naturaleza del objeto, aunque sea un conocimiento muy relativo.
* La sensación es una intuición. Entendiendo por intuición el conoci¬miento inmediato de un objeto concreto presente. Se capta algo concreto que esté presente y de manera inmediata.
* La sensación es "el acto común del que siente y lo sentido".
Si el sentido funciona hay sensación, en este aspecto, podemos decir que es infalible. El "error de los sentidos" se refiere a la interpretación de los datos sensibles.
Los sentidos son la única función de conocimiento que nos pone en contacto con lo real o existente.
4. Los sentidos internos
a. Nocion de sentidos internos
La labor receptiva de los sentidos externos es completada con la que realizan los sentidos internos. Estos no son órganos corporales claramente localizados como los sentidos externos, sino que se traía de facultades sensoriales interiores cuya existencia deducimos de sus operaciones; ope¬raciones que exceden a las posibilidades de cada uno de los sentidos o de la colaboración entre todos ellos.
Se caracterizan porque su objeto ha sido previamente conocido por un sentido externo de manera que operan sobre realidades ya conocidas por el sujeto y que son ahora reconocidas de nuevo bajo un aspecto deter¬minado distinto en cada uno de los sentidos internos. Lo que distingue a los sentidos internos entre sí es precisamente el punto de vista o aspecto bajo el que conocen.
En la vida de los animales superiores se da no sólo la captación de la realidad presente (objeto de los sentidos externos o exteroceptores), sino también la captación de "lo ausente"; tiene que haber otro sentido que retenga y conserve lo que se ha aprehendido anteriormente, de manera que cuando el objeto no está delante lo pueda representar.
Resumiendo, los sentidos internos son aquellas facultades cognoscitivas sensibles que nos permiten conocer sin necesidad de que el objeto esté delante. Su objeto son las representaciones sensibles o imáge¬nes o reproducciones de lo que se ha captado por los sentidos externos.
Se pueden distinguir cuatro sentidos internos: sensorio común, ima¬ginación, memoria y estimativa.
Esta clasificación de los sentidos internos es la clásica. En la actualidad se tiende a distinguir sólo memoria e imaginación. En la psicología moderna el sensorio común es lo que equivale, más o menos, a percepción, la estimativa de incluye en el instinto.
b. El sensorio común
El sentido común no se refiere aquí a "buen sentido" o prudencia o uso de la inteligencia en su actividad espontánea. Se refiere aquí la expre¬sión "sentido común" a la acepción técnica de sentido interno. También se conoce con el nombre de "sentido íntimo" (Maine de Biran) o "conciencia sensible".
Las funciones del sensorio común son las siguientes:
* Comparar e integrar entre sí los datos procedentes de los diversos sentidos refiriéndolas a un mismo objeto. No captamos sensaciones aisla¬das sino totalidades u objetos. El acto del sensorio común es la percepción o captación directa o inmediata de un "objeto". (Al estudio de la percepción le dedicaremos otro apartado).
Nosotros distinguimos y unimos cualidades sensibles diferentes, como un color y un sabor. Por ejemplo, ante un terrón de azúcar, distingui¬mos el blanco de lo azucarado y lo referimos al mismo objeto. Esta refe¬rencia al objeto ningún sentido particular puede hacerlo: la vista distingue el blanco y el rojo, porque son dos colores, pero no lo blanco y lo dulce, porque ella no experimenta lo dulce; igualmente, el gusto distingue lo dulce y lo salado, pero no lo dulce y lo blanco, porque no percibe los colo¬res. Por consiguiente, hay que admitir en el hombre una función única que experimenta las diversas sensaciones y las compara. A esta función le lla¬mamos "sensorio común".
* Referir al yo las actividades sensitivas. Darse cuenta de que se está produciendo la sensación. Una cosa es ver un color y otra muy distin¬ta es darse cuenta de que estoy viendo un color. Este darse cuenta de que estoy viendo un color es propio del sensorio común. Por eso se le suele llamar, también, "conciencia sensorial". No sólo sentimos el objeto, sino que sabemos que lo sentimos. Un sentido no puede "reflexionar" sobre sí mismo, luego hay que admitir una función distinta que tiene por objeto los actos directos del conocimiento sensible.
El sensorio común viene a ser la "conciencia" de la sensibilidad, es lo equivalente a la reflexión de la vida racional. La mínima con¬ciencia de sí que posee un animal es ésta: siente que vive porque siente que ve, que huele, que tiene sensaciones.
* En relación con lo anterior, mediante el sensorio común distingui¬mos los contenidos de las diversas sensaciones. El ojo no distingue sus sensaciones de las del oído, esta función pertenece al sentido común.
* El objeto del sentido común son las sensaciones de los demás sen¬tidos, es decir, los "sensibles comunes". Pero esta función sensible (no intelectual porque su objeto no es abstracto) no la podemos poner en el mismo plano que los sentidos externos, porque no versa sobre los objetos exteriores, sino sobre nuestra sensación de los objetos. Es como el centro o raíz o principio de la sensibilidad.
* Resumiendo, las fundones del sentido común son: captar los obje¬tos de los sentidos externos, diferenciarlos entre sí, unificarlos en la per¬cepción, captar los actos de los sentidos externos y ejercer así de concien¬cia sensible.
c. La estimativa
La estimativa es el sentido interno por el que se distingue lo útil de lo nocivo, lo conveniente o no conveniente de los objetos captados por los sentidos externos. En el hombre se llama, también, "cogitativa" porque está perfeccionada por la razón (la diferencia entre cogitativa e intelecto es que la cogitativa es una facultad orgánica cerebralmente localizable).
La estimativa está relacionada con el instinto, es la parte cognosciti¬va del instinto. El instinto es un fenómeno más complejo en el que entran fenómenos de tendencia y de movimiento. La estimativa viene a ser una "inteligencia inconsciente", instintiva. Se llama también "autoconciencia animal".
La estimativa es una función de conocimiento: su objeto es la utilidad o nocividad de las cosas percibidas. Es necesario admitir esta facultad porque el animal busca o huye de ciertas cosas a causa de su utilidad o nocividad real. Así, la oveja huye del lobo, no porque le desagrade su color, sino porque presiente su malignidad. El pájaro que construye un nido elige un trocito de paja, no porque le resulte agradable de ver, sino
porque le podrá servir para construir un elemento del nido.
Aunque tiene una cierta relación con la inteligencia, no es la inteli¬gencia propiamente dicha, porque no capta lo universal; las relaciones que establece entre las cosas son siempre concretas: la utilidad de esta brizna de paja para este nido en construcción, no la naturaleza de la paja ni la naturaleza del nido, o la relación de medio a fin. Sería la "inteligencia ani¬mal".
En el hombre es la fuente de la experiencia, en el sentido humano de la palabra y no en el sentido científico. Es de una extrema importancia para la vida práctica que se desarrolla en lo concreto.
Con la estimativa la percepción alcanza mayor plenitud, ya que se capta no sólo la forma o figura perceptiva sino el significado.
En resumen, las funciones de la estimativa son: estimar o valorar las cosas concretas, dirigir la acción práctica respecto de lo valorado, adquirir experiencia sobre las cosas y sobre la propia acción práctica referidas a lo concreto y externo.
d. La imaginacion
La imaginación es una facultad de conocimiento sensible que tiene por objeto la imagen (los escolásticos la llamaban "fantasma" de donde viene el nombre de fantasía); es una función de conocimiento porque con¬siste en representar un objeto. Es de orden sensible porque su objeto es concreto por muy esquemática que sea la representación. La imagen no es la "presentación", sino la representación de un objeto, en su ausencia.
Podemos definir la imaginación como el sentido interno que nos permite fijar, conservar, reproducir y asociar los datos proporciona¬dos por los sentidos externos en ausencia de sus objetos.
Si no se pudiera retener ninguna percepción, ocurriría que todas las percepciones serían siempre absolutamente nuevas para noso¬tros, con lo cual el percibidor consistiría en una pura discontinuidad o intermitencia. Por ejemplo, el gozar de la música sería imposible. La música es posible oiría, a pesar de que las notas vayan pasando y desvaneciéndose unas detrás de otras porque se retiene su haber pasado, por esa retención es posible captar la unidad de la melodía.
Gracias a la imaginación podemos reconstruir una percepción com¬pleta a partir de un sólo dato. Esto hace posible que los animales se mue¬van tras lo ausente, ampliando el radio de acción de su conducta: por ejemplo, el perro es capaz de construir una representación imaginativa completa a partir de una sensación olfativa y rastrear la presa.
El proceso de la imaginación consta de las siguientes fases:
* Fijación de las sensaciones pasadas
* Conservación de las percepciones o impresiones sensoriales en nuestro psiquismo.
* Reproducción o evocación de las imágenes, que vuelven a la con¬ciencia espontánea o voluntariamente. La reproducción de las imágenes se produce en virtud de unas ciertas leyes de enlace o asociación (seme¬janza, contigüidad, causalidad, contraste).
* Creación (en el caso del hombre) o evocación de nuevas imágenes a partir de las sensaciones y percepciones que ya poseemos. Es la fanta¬sía. La imaginación creadora está dirigida por la inteligencia y la voluntad. El hombre puede hacer funcionar la imaginación en múltiples direcciones (racional especulativa, científica, técnica, artística, lingüística, jurídica, polí¬tica, religiosa, lúdica, deportiva...); la imaginación humana es polivalente y plástica.
Sintetizando, las funciones de la imaginación son: archivar las sínte¬sis sensoriales, realizar la configuración perceptiva sumando a una sínte¬sis sensorial dada las síntesis archivadas, combinar percepciones para obtener imágenes, suministrar imágenes o esquemas al intelecto para que éste pueda elaborar ¡deas abstractas.
e. La memoria sensitiva
La memoria es la facultad o sentido interno mediante el que reproducimos o traemos al presente de la conciencia objetos o hechos pasados de nuestra experiencia, pero en cuanto pasados. A la
memoria le interesa el conocimiento del pasado como tal, es decir, con sus circunstancias de lugar y tiempo.
Se diferencia de la imaginación en que ésta es aespacial y atempo-ral; en cambio, la memoria reproduce los hechos en cuanto que vividos en el pasado, recuerda el pasado. En el hombre, la memoria se halla perfeccionada por influencia de la inteligencia.
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miércoles, 20 de febrero de 2008
Organización del discurso. Marcadores discursivos (aprender a habar y escribir)
Fuente: Wikipedia
María Antonia Martín y José Portolés distinguen cinco tipos de marcadores discursivos, cada uno con sus diversos subtipos: estructuradores de la información, concectores, reformuladores, operadores argumentativos y marcadores conversacionales.
A- Estructuradores de la información (comentadores, ordenadores de apertura, de continuidad y de cierre, digresores, comentadores)
B- Conectores (aditivos, consecutivos y contraargumentativo)
C- Reformuladores (explicativos, rectificativos, distanciadores, recapitulativos)
D- Operadores argumentativos (de refuerzo y concreción)
E- Marcadores conversacionales (espistémicos –de evidencia o bien orientadores de fuente- y deónticos, enfocadores de alteridad y metadiscursivos conversacionales)
Estructuradores de la información
Para desarrollar la información contenida en un discurso
• Comentadores, que "presentan un nuevo comentario": pues (sin pausa después), pues bien, (que asume lo anterior para lo que sigue) así las cosas (que no asume lo anterior para lo que sigue), dicho esto/eso, etc.
-¿Conocía a Soleiro?
-¿Un cojo que iba a Mondoñedo al mercado?
-El mismo. Pues se le apareció a su mujer en forma de cuervo.
• Ordenadores, que "agrupan varios miembros como partes de un solo comentario; de uso más frecuente en el texto escrito que en el oral. Por lo general se basan en la numeración (primero.. segundo) en el espacio (por un lado, por otro lado..., por una parte... por otra; de un lado... de otro) o en el tiempo (después, luego, en fin, finalmente...). Algunos de ellos forman pares correlativos, incluso mixtos de espacio y número o tiempo.
Hay de tres tipos:
o Ordenadores que marcan apertura. Sirven para abrir una serie: en primer lugar, primeramente, por una parte, por un lado, de una parte, de un lado...
o Ordenadores que marcan continuidad. Indican que el miembro al que acompañan forma parte de una serie de la que no es ni el principio: en segundo/tercer/cuarto... lugar, por otra (parte), por otro (lado), por su parte, de otra (parte), de otro (lado), asimismo, igualmente, de igual forma/modo/manera, luego, después...
o Ordenadores que marcan cierre. Señalan el fin de una serie discursiva: Por último, en último lugar, en último término, en fin, por fin, finalmente.
Algunos ordenadores, si van en incisos, se aproximan a los digresores, como es el caso de por otra parte, por otro lado y por lo demás.
"Por su parte" carece de marcador de apertura y no se encuentra totalmente gramaticalizado como tal.
El marcador de cierre "por lo demás" jerarquiza su miembro como de menor importancia que los anteriores.
"En parte" se repite en el discurso como marcador de apertura el primero y de continuidad el segundo.
"De igual modo/forma/manera/suerte" están también poco gramaticalizados.
• Digresores, "introducen un comentario lateral en relación con el tópico principal del discurso": Por cierto, a propósito, a todo esto (que introduce un miembro que pide información que en ese momento del discurso ya se debería conocer), y, menos gramaticalizados, dicho sea de paso, dicho sea, entre paréntesis, otra cosa (que sirve para introducir otro tema sin ceder el turno de palabra), etc.
Conectores
Son "unos marcadores discursivos que vinculan semántica- y pragmáticamente un miembro del discurso con otro anterior”. A veces, el primer miembro puede ser situacional o contextual, implícito. Un niño puede mostrarle a otro su coche de juguete y decirle "Además, tiene sirena".
• Conectores aditivos, que "unen a un miembro discursivo anterior otro con la misma orientación argumentativa", lo que permite inferir conclusiones que de otro modo no se alcanzarían. Hay de dos tipos:
• Los que ordenan ambos miembros discursivos en la misma escala argumentativa (incluso -que indica que el argumento que sigue es más fuerte que el primero: por eso puede decirse: "Debemos llevar al niño al hospital. Tiene mucha fiebre e, incluso, ha comenzado a delirar", pero no *"Debemos llevar al niño al hospital, ha comenzado a delirar e, incluso, tiene mucha fiebre"-, inclusive y es más -que también potencia el argumento siguiente respecto al que precede-)
• Los que no cumplen esta condición (además, y encima -que presentra el miembro anterior como argumento suficiente para una conclusión determinada y, a diferencia de además, puede incluir una conclusión opuesta: "Se te compra una cosa y, encima, lloras"-, aparte -propio de la lengua coloquial: "No iré a ver esa película. Es larga y aburrida. Aparte, he quedado para ir a la disco", por añadidura (que conecta con un miembro anterior y más frecuentemente con una serie anterior de ellos)
• Conectores consecutivos, que "presentan el miembro del discurso en el que se encuentran como una consecuencia de un miembro anterior": pues, así pues, por tanto, por consiguiente, consiguientemente, consecuentemente, por ende y de ahí); en consecuencia y de resultas (donde el consecuente es un estado de cosas que se produce a partir de otro estado de cosas), así, entonces...
• Conectores contraargumentativos, que "vinculan dos miembros del discurso de tal modo que el segundo se presenta como supresor o atenuador de alguna conclusión que se pudiera obtener del primero": en cambio, por el contrario y por el contrario (que muestran contraste o contradicción entre los miembros vinculados), antes bien (cuyo miembro discursivo comenta el mismo tópico que el miembro anterior), sin embargo, no obstante, con todo, empero, ahora bien y ahora (que introducen conclusiones contrarias a las esperadas de un primer miembro), y eso sí, que "muestra un miembro discursivo que atenúa la fuerza argumentativa del miembro anterior".
Reformuladores
Son "marcadores que presentan el miembro del discurso que introducen como una nueva formulación de un miembro anterior
• Reformuladores explicativos: o sea, es decir, esto es, a saber; en otras palabras, en otros términos, dicho con/en otros términos, (dicho) con otras palabras, dicho de otra manera/modo/forma, etc...
• Reformuladores rectificativos, que "sustituyen un primer miembro, que presentan como una formulación incorrecta, por otra que la corrige, o al menos la mejora": mejor dicho, mejor aún, más bien y digo -como inciso, menos gramaticalizado-, precedidos de "o" o no.
• Reformuladores de distanciamiento, que "presentan como no relevante un miembro del discurso anterior a aquel que los acoge. Con ellos no se pretende formular de nuevo lo antes dicho, sino mostrar la nueva formulación como aquella que ha de condicionar la prosecución del discurso, al tiempo que se priva de pertinencia el miembro discursivo que le precede": en cualquier caso, en todo caso, de todos modos/maneras/formas, de cualquier modo/manera/forma (menos frecuentes), de cualquier suerte, de todas suertes (arcaicos)...
• Reformuladores recapitulativos, que "presentan su miembro del discurso como una conclusión o recapitulación a partir de un miembro anterior o de una serie de ellos": en suma, en conclusión, en resumen, en síntesis, en resolución; en una palabra, en dos palabras, en pocas palabras -que presentan el miembro como una condensación de miembros anteriores-; en resumidas cuentas, en definitiva y a fin de cuentas, en fin; total -que se usa de dos formas: sea para presentar la exposición antecedente como innecesariamente prolija, sea como operador discursivo para reformular miembros implícitos y reforzar como argumento el miembro discursivo que introduce- ; al fin y al cabo, después de todo (que indican que el miembro en que se encuentran tiene más fuerza argumentativa que otros miembros anteriores antiorientados con él, como algunas veces también en realidad y en el fondo)...
Operadores argumentativos
Los operadores argumentativos "son aquellos marcadores que por su significado condicionan las posibilidades argumentativas del miembro del discurso en que se incluyen, pero sin relacionarlo con otro miembro anterior".
• Operadores de refuerzo argumentativo, cuyo "significado consiste esencialmente en reforzar como argumento el miembro del discurso en el que se encuentran”. De este modo, y al tiempo que se refuerza su argumento, se limitan los otros como desencadenantes de posibles conclusiones: en realidad -que distingue a otro argumento como "apariencia"-, en el fondo -que presenta a un argumento con mayor fuerza que otro meramente "posible"-, de hecho -que presenta a un argumento como un hecho cierto, y por lo tanto con más fuerza que otro discutible o probable- etc...
• Operadores de concreción, que "presentan el miembro del discurso que los incluye como una concreción o ejemplo de una expresión más general": por ejemplo, verbigracia, en concreto, en particular, por caso.
Marcadores conversacionales
Estos se distinguen de los de la lengua escrita en que a su función 'informativa' o 'transaccional' suman otra función 'interactiva' o 'interaccional' orientada hacia el interlocutor. En la conversación hay, pues, que distinguir 'modalidades' frente a 'contenidos proposicionales', o, en la terminología de los llamados 'actos de habla', la fuerza ilocutiva de los contenidos locutivos. Dos grandes tipos de modalidad establecen los autores:
• La modalidad epistémica, "que se refiere a nociones que guardan relación: a) con la posibilidad o con la necesidad, b) con la evidencia, sobre todo a través de los sentidos; c) con lo oído decir o expresado por otros, etc.
Sus marcadores son del tipo de "en efecto, claro, por lo visto..."
• La modalidad deóntica, "que incluye actitudes que tienen que ver con la voluntad o con lo afectivo"
Sus marcadores son del tipo de "bueno, bien..."
• De modalidad epistémica -que se usan en enunciados declarativos-
o Marcadores de evidencia (reforzadores de la aserción sí o no, y algunos tematizándolos con "que"): claro, desde luego, por supuesto, naturalmente y sin duda -menos gramaticalizado, pues admite variantes como sin duda alguna / ninguna / de ningún género etc...- Otro grupo no puede hacerlo: en efecto, efectivamente...
o Marcadores orientativos sobre la fuente del mensaje (el hablante presenta el discurso como algo que refleja su propia opinión, o bien referirlo como algo que ha oído decir, que conoce a través de otros y que transmite como una opinión ajena): por lo visto, al parecer, menos gramaticalizado y menos coloquial (tiene las variantes a mi parecer, al parecer de unos y de otros, según parece, a lo que parece...)
• De modalidad deóntica (reflejan actitudes del hablante relacionadas con la expresión de la voluntad (o de lo afectivo): estos marcadores indican si el hablante acepta, admite consiente en o no lo que se infiere del fragmento de discurso al que remiten, van separados por una pausa más marcada y pueden alternar con otros procedimientos expresivos: los verbos realizativos acepto, consiento, admito, construcciones verbales del estilo de bien está, está bien, bueno está, etc...).
Ejemplos: bueno', bien; vale, de acuerdo, conforme, perfectamente, cabalmente, antiguo cabalito, y los hispanoamericanos definitivamente y okey. No son marcadores del discurso expresiones como "venga", "en absoluto", "ni hablar" etc...
o Enfocadores de alteridad, que apuntan al oyente (hombre, mira, oye, oye, mira) o menos frecuentemente a ambos interlocutores (vamos) y sirven, sí, para comentar el fragmento del discurso al que remiten -para mostrar la actitud del hablante respecto de este- pero sobre todo para señalar el enfoque de las relaciones que mantiene el hablante con el oyente: amistosas, corteses, etc....
"Bueno" -en un uso distinto al deóntico y al metadiscursivo, pues sólo sirve para reforzar la imagen positiva del hablante-, "vamos", en similar uso y además para favorecer la comunión de los hablantes en el discurso, "mira", "mire", "oye", "oiga". También se suelen usar formas verbales en segunda persona: ves, verás, escucha, fíjate, sabes, entiendes, que reflejan signos claros de gramaticalización. Expresiones como ¿no?, ¿verdad?, ¿eh? etc... Por favor en inciso es también un marcador del discurso enfocador de la alteridad muy gramaticalizado.
o Metadiscursivos conversacionales trazan el esfuerzo que realizan los hablantes para formular e ir organizando su discurso, como signos de puntuación para el descanso. "Ya", "sí", "bueno", "bien", "eh", "este" -más frecuente en Hispanoamérica-
"Educar es tarea compleja". Selección de textos
Texto 1
“Si bien es casi imposible dar una definición precisa del aprendizaje (...) al menos podemos observar ciertos fenómenos a los que puede aplicarse el término aprendizaje.
En términos psicológicos, lo que se aprende no es necesariamente “correcto” (aprendemos tanto hábitos malos como buenos), ni consciente o deliberado (una de las ventajas de entrenarse en una habilidad es que adquirimos conciencia de los errores que aprendimos a cometer inconscientemente), ni requiere acto manifiesto alguno (las actitudes y las emociones pueden aprenderse tanto como el conocimiento y las habilidades). Reacciones tan diversas como manejar un auto, recordar unas vacaciones agradables, creer en la democracia y sentir antipatía hacia el patrono son todos resultados del aprendizaje.
¿Cómo se produce el aprendizaje? ¿Qué factores determinan qué es lo que aprendemos y la rapidez con que lo hacemos? Existen muchísimas personas que suelen estar en situaciones en las que les sería muy últil tener respuesta a estos interrogantes. A este respecto pensamos inmediatamente en los estudiantes que buscan métodos mejores de estudio, en los maestros que desean perfeccionar sus técnicas escolares y en los industriales que tratan de encontrar caminos mejores para entrenar a sus nuevos trabajadores. Podemos considerar también a la madre que busca el método más adecuado para educar a sus hijos, al asesor que trata de mejorar la adaptación social de su cliente, (...).
Estas necesidades prácticas no son las únicas razones de que se quiera conocer más a fondo todo lo concerniente al aprendizaje. El hombre siempre ha sentido curiosidad sobre sí mismo (...) En consecuencia, los individuos están motivados para estudiar el aprendizaje, no sólo por los beneficios prácticos que pueden lograr, sino también por la curiosidad que sienten acerca de sí mismos y de cómo llegaron a ser lo que son”
W.F. Hill, Teorías contemporáneas del aprendizaje, Paidós, Barcelona, 1988, pp. 17-18
Texto 2
“Comencemos nuestro estudio examinando un medio en el cual el aprendizaje es un foco primordial: la escuela. El niño se enfrenta en la escuela a una situación de aprendizaje asombrosamente compleja. Es compleja desde su propio punto de vista, pero lo es aún más desde el punto de vista del psicólogo que intenta animosamente analizarla. El niño es influido en innumerables formas por los aspectos diversos de la situación de la clase. Aprende mucho del maestro, incluidas muchas cosas que no figuran en el plan de estudios y otras de las que ni el maestro ni el alumno tienen conciencia. Aprende también de sus libros, de sus compañeros y de las disposiciones materiales de la escuela. Parte de lo que aprende es mensurable en forma de conocimientos y habilidades específicas, mientras que otra parte implica cambios, algunos muy sutiles, pero a veces bastante intensos, en las actitudes, las emociones, la conducta social y otras reacciones diversas. La tarea del psicólogo es analizar esas situaciones complejas en sus partes componentes y tratar de comprender los principios del aprendizaje y la motivación implicados en las mismas”
W.F. Hill, idem.
Texto 3
“Si impedimos durante el período de hospitalización que el niño prosiga su proceso escolar y mantenemos esa situación de aislamiento respecto de todo lo que constituye su entorno natural y propio, además de favorecer esa enfermedad social que es la “deprivación escolar”, estaremos atentando contra su dignidad personal de niño. Es más, a pesar de los avances en los tratamientos y en la ciencia médica en general gracias a los cuales se ha conseguido la curación de un alto porcentaje de niños cancerosos y la supervivencia, a largo plazo, de otros muchos mejorando su calidad de vida-, no debemos olvidar que todavía encontramos demasiados niños enfermos que no se curan y que, por tanto, deben considerarse como enfermos crónicos.
Si como consecuencia de la evolución progresiva del cáncer estos pacientes van a verse privados de la escolarización (entendida ésta en su sentido más amplio), habrá que afirmar que se les condena a una vida indigna, independientemente de que su muerte sea o no digna. (...)
¿Qué cabe hacer con el niño canceroso desde el punto de vista del pedagogo? (...)Algunos autores sostienen, como punto de partida en la atención al enfermo moribundo, que las necesidades de éstos derivan de las dos realidades siguientes: que el enfermo moribundo es un ser humano que muere. Es decir, las necesidades de los moribundos son, de una parte, las necesidades fundamentales de cualquier ser humano y, de otra, las derivadas del hecho cierto y bien contrastado de que irremediablemente el enfermo evoluciona hacia la muerte. (...)
La educación se ocupa de aumentar cualquier capacidad de la persona para actuar a un nivel dado, no sólo académicamente, sino también desde el punto de vista psicosocial”
E. Doménech Llavería, A. Polaino-Lorente, “Comunicación y verdad en el paciente terminal”, en A. Polaino-Lorente (ed.), Manual de bioética general, Rialp. Madrid, 1994, pp. 403-404
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